sábado, 1 de abril de 2017

La bola de miso



La semana pasada hice una demostración de cocina japonesa en casa de un amigo, y a pesar de que los invitados no habían probado nunca los platos japoneses tradicionales, les gustó mucho, sobre todo, les gustó la sopa de miso, por lo que me sentí muy orgullosa ya que el miso que llevé es fabricado por mí.  
El sabor de miso casero es exquisito. A veces pienso que soy una experta  o un genio de la fabricación del miso, aunque sé que todas las personas que lo fabrican piensan lo mismo.  
El miso es una pasta vegetal muy popular en Japón que se obtiene de la fermentación de la soja. En la época de Edo, el miso era un ingrediente tan importante en Japón que se decía: “Es mejor gastar el dinero en la tienda de Miso que en el médico”, ya que el miso ayuda a la digestión por su contenido de enzimas naturales, lacto bacilos, hongos y levaduras; además alcaliniza la sangre, favorece la circulación y elimina el cansancio, a la vez que ayuda a eliminar con mayor efectividad los residuos tóxicos de la polución ambiental.
El proceso de fabricación del miso tarda más de cuatro meses, pero una vez  hecho, se convierte en un plato instantánea. Antiguamente en Japón los guerrero llevaban una bola de miso para hacer sopa instantánea.
Los ingredientes se pueden usar al gusto de cada uno, pero mi favorito es:
Un poco de zanahoria cortada, cebolleta cortada, seta shiitake cortada, alga wakame y una cucharada grande del miso.
Hacer una bola con todos los ingredientes y guardar en el  frigorífico. No necesita cocción ya que con el tiempo, las verduras se ponen tiernas por la sal de miso, Cuando se quiera tomar la sopa, se echa esta mezcla en 150 c.c. de agua caliente, se remueve y ya se puede tomar.
Os recomiendo tenerlo en vuestra casa, así cuando volváis a casa del trabajo, ya tenéis la sopa hecha.

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